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29 de septiembre de 2010






Evita el reumatismo


El ciempiés quiso preguntarle al sabio del bosque -un mono-, cuál era la mejor solución para el dolor que sentía en las piernas.
-Eso es reumatismo- le explicó el mono -. Lo que ocurre es que tienes demasiadas piernas. Sería mejor que fueras como yo. Con sólo dos piernas, el reumatismo raramente aparece.
-¿Y cómo hago para tener sólo dos piernas?
-No me fastidies con detalles –respondió el mono -. Un sabio se limita a dar el mejor de los consejos. Arréglatelas tú solo.

¿Puedo ayudar?

Nada más abrirse las puertas de la iglesia, el cura vio que una mujer entraba, se sentaba en un banco de la primera fila, y ponía la cabeza entre las manos. Dos horas más tarde, al pasar de nuevo por allí, la encontró en la misma posición.
Preocupado, decidió acercarse a ella:
-¿Puedo hacer algo para ayudarla?- le preguntó.
-No, gracias- respondió ella -. Yo ya estaba recibiendo toda la ayuda que me hacía falta, hasta que usted me interrumpió.
El jesuita Anthony Mello comenta: “en cierto monasterio, en lugar de haber escrito Guarden silencio, había un cartel que decía: Hablen únicamente si lo que van a decir es mejor que el silencio”.

Yo sé qué es lo que está bien

Un campesino regresaba a casa, cuando vio un jumento en el campo.
-No soy apenas un asno –dijo el animal -. Yo vi nacer al Mesías. Vivo hace dos mil años, y me mantengo vivo para dar este testimonio.
Asustado, el campesino corrió a la iglesia y se lo contó al párroco. –Imposible – dijo éste. El campesino lo asió de las manos y lo llevó adonde se encontraba el animal. El asno repitió entonces lo que había dicho antes.
-Insisto: los animales no hablan – dijo el religioso.
-¡Pero usted mismo lo ha oído de la boca del asno!
-¡Si serás bruto! ¡Así que vas a creer más en lo que te dice un jumento que en lo que dice tu párroco!

Eso también servirá con nosotros

Una fábula del escritor libanés Mikail Naaimé puede ilustrar bien el peligro de seguir los métodos de otros, por muy nobles que parezcan ser:
-Tenemos que romper las cadenas de la esclavitud a la que el hombre nos tiene sometidos –le dijo un buey a sus compañeros -. A lo largo de muchos años les hemos oído decir a los seres humanos que la puerta de la libertad está manchada con la sangre de los mártires. Vamos a descubrirla y entraremos allí con la fuerza de nuestros cuernos”.
Caminaron durante días y noches por la carretera hasta que vieron una puerta toda manchada de sangre.
-He aquí la puerta de la libertad –dijeron -. Sabemos que nuestros hermanos fueron sacrificados ahí.
Uno tras otro, los bueyes fueron entrando. Y sólo una vez dentro, cuando ya era demasiado tarde, acabaron dándose cuenta: aquella era la puerta del matadero.

Decidiendo el destino ajeno

Malba Tahan cuenta la historia de un hombre que encontró un ángel en el desierto, y le dio agua.
-Soy el ángel de la muerte y he venido a buscarte- dijo el ángel -. Pero como has sido bondadoso, voy a dejarte prestado el Libro del Destino durante cinco minutos. Puedes alterar lo que quieras en él.
El ángel le entregó el libro. Al hojear sus páginas, el hombre fue leyendo la vida de sus vecinos. No le gustó lo que vio: “Estas personas no se merecen cosas tan buenas”, pensó. Pluma en mano, se dedicó a empeorar la vida de cada uno de ellos.
Por último, llegó a la página de su destino. Leyó su trágico final y, cuando se disponía a cambiarlo, el libro desapareció. Los cinco minutos ya habían concluido.
En ese mismo instante, el ángel se llevó el alma de aquel hombre.


estos cuentos y fabulas fueron extraidos,del boletin de guerrero de la luz

19 de julio de 2010

La parabola de la verdad



Los discípulos de un rabino, famoso por ser erudito, le pregutaron por qué acostumbraba a esclarecer la verdad contando una historia.
Él respondió:
- Todo esto puedo explicarlo contando una parábola sobre la propia Parábola.
"Un dia, la Verdad andaba visitando a los hombres sin ropa y sin adornos, tan desnuda como su nombre.
Y todos que la veían, le daban la espalda de miedo o de vergüenza y nadie le daba la bienvenida.
Así la Verdad recorría, los confines de la Tierra, despreciada y apartada.
Una tarde, muy desconsolada y triste, la Verdad encontró a la Parábola, que paseaba alegremente, con una ropa muy bella y colorida.
Verdad, por qué estás tan abatida?le preguntó la Parábola.
- Porque soy tan vieja y fea que los hombres me evitan, replicó la Verdad.
Qué disparate.dijo la Parábola, ríendo.
- No es por eso que los hombres te evitan. Toma, ponte una de mis ropas y fíjate lo que pasa.
Entonces, la Verdad se puso una de las lindas prendas de la Parábola y de repente, en todos los lugares por donde pasaba, era bienvenida.
El rabino sonrió e concluyó: Pues la verdad es que a los hombres no les gusta encarar a la Verdad desnuda...
Ellos, prefieren disfrazarla.

16 de mayo de 2010

el angel de los niños





Cuenta una leyenda que a un angelito que estaba en el cielo, le tocó su turno de nacer como niño y le dijo a Dios:- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra, ¿pero cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy?- Entre muchos ángeles escogí uno para tí que te está esperando y que te cuidará, le contestó Dios.- Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír; eso basta para ser felíz. ¿Y cómo entender lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.- Y ¿qué haré cuando quiera hablar contigo?- Tu ángel te juntará las manitas, te enseñará a orar y podrás hablarme.- He oído que en la tierra hay hombres malos ¿Quién me defenderá?- Tu ángel te defenderá aún a costa de su propia vida.- Pero estaré siempre triste porque no te veré más, Señor.- Tu ángel te hablará siempre de Mí y te enseñará el camino para que regreses a Mi presencia, aunque Yo siempre estaré a tu lado.En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo, pero ya se oían voces terrestres. Y el niño presuroso repetía con lágrimas en sus ojitos sollozando:- Dios mío, si ya me voy, dime su nombre ¿Cómo se llama mi ángel?- Su nombre no importa, tu le dirás: Mamá.

Dedicado a todas las madres del mundo

14 de marzo de 2010

nesecitaba un abrazo



Hace veinte años, yo manejaba un taxi para vivir. Lo hacía en el turno de la noche y mi taxi se convirtió en un confesionario móvil. Los pasajeros se subían, se sentaban atrás de mí en total anonimato, y me contaban acerca de sus vidas. Encontré personas cuyas vidas me asombraban, me ennoblecían, me hacían reír y me deprimían. Pero ninguna me conmovió tanto como la mujer que recogí en una noche de agosto.
Respondí a una llamada de unos pequeños edificios en una tranquila parte de la ciudad. Asumí que recogería a algunos saliendo de una fiesta o a un trabajador que tenía que llegar temprano a una fábrica de la zona industrial de la ciudad.Cuando llegué a las 2:30 am el edificio estaba oscuro excepto por una luz en la ventana del primer piso. Aunque la situación se veía peligrosa, yo siempre iba hacia la puerta. Este pasajero debe ser alguien que necesita de mi ayuda, razoné para mí. Por lo tanto caminé hacia la puerta y toqué... "un minuto" respondió una voz frágil. Pude escuchar que algo era arrastrado a través del piso. Después de una larga pausa, la puerta se abrió.Una mujer pequeña de unos ochenta años se paró enfrente de mí. Llevaba puesto un vestido floreado, y un sombrero con un velo, como alguien de una película de los años 40"s. A su lado una pequeña maleta de nylon. El departamento se veía como si nadie hubiera vivido ahí durante muchos años. Todos los muebles estaban cubiertos con sábanas, no había relojes en las paredes, ninguna baratija o utensilio. En la esquina estaba una caja de cartón llena de fotos y una vajilla de cristal.La señora repetía su agradecimiento por mi gentileza.- No es nada, -le dije-. Yo sólo intento tratar a mis pasajeros de la forma que me gustaría que mi mamá fuera tratada.- No, estoy segura de que es un buen hijo, -dijo ella-.Cuando llegamos al taxi me dio una dirección, entonces preguntó:- ¿Podría manejar a través del centro?- Ese no es el camino corto, -le respondí rápidamente-.- No importa, -dijo ella-. No tengo prisa, estoy camino del asilo.La miré por el espejo retrovisor, sus ojos estaban llorosos.- No tengo familia, -continuó-, el doctor dice que no me queda mucho tiempo de vida.Tranquilamente estiré mi brazo y apagué el taxímetro.- ¿Qué ruta le gustaría que tomará? -le pregunté-.Por las siguientes dos horas manejé a través de la ciudad. Ella me enseñó el edificio donde había trabajado como operadora de elevadores. Manejé hacia el vecindario donde ella y su esposo habían vivido cuando ellos eran recién casados. Ella me pidió que nos detuviéramos enfrente de un almacén de muebles donde una vez hubo un salón de baile, al que ella iba a bailar cuando era joven. Otras veces me pidió que pasara lentamente enfrente de un edificio en particular o una esquina; miraba en la oscuridad, y no decía nada. Con el primer rayo de sol apareciéndose en el horizonte, ella repentinamente dijo:- Estoy cansada, vámonos ahora.Manejé en silencio hacia la dirección que ella me había dado. Era un edificio bajo, como una pequeña casa de convalecencia, con un camino para autos que pasaba bajo un pórtico. Dos asistentes vinieron hacia el taxi tan pronto como pudieron. Ellos debían haber estado esperándola. Yo abrí la cajuela y dejé la pequeña maleta en la puerta. La mujer estaba lista para sentarse en una silla de ruedas.- ¿Cuánto le debo?, -preguntó ella-, buscando en su bolsa.- Nada, -le dije-.- Tienes que vivir de algo, -respondió-.- Habrá otros pasajeros, -le respondí-.Casi sin pensarlo, me agaché y la abracé. Ella me sostuvo con fuerza, y dijo:- ¡Oh, necesitaba un abrazo!Apreté su mano, entonces caminé hacia la luz de la mañana. Atrás de mí una puerta se cerró, fue un sonido de una vida concluida. No recogí a ningún pasajero en ese turno, manejé sin rumbo por el resto del día. No podía hablar, ¿Qué habría pasado si a la mujer la hubiese recogido un conductor malhumorado o alguno que estuviera impaciente por terminar su turno?. ¿Qué habría pasado si me hubiera rehusado a tomar la llamada, o hubiera tocado el claxon una vez, y me hubiera ido?En una vista rápida, no creo que haya hecho algo más importante en mi vida. Estamos condicionados a pensar que nuestras vidas están llenas de grandes momentos, pero los grandes momentos son los que nos atrapan bellamente desprevenidos, en los que otras personas pensarán que sólo son pequeños momentos.Las personas tal vez no recuerden exactamente lo que tú hiciste o lo que tú dijiste... pero siempre recordarán cómo los hiciste sentir


.Autor Desconocido


ESTE HERMOSO CUENTO FUE SACADO DE LA PAG. DE CLAUDIO DOMINGUEZ

12 de marzo de 2010

en el bosque





*En el medio del camino de nuestra vidaMe encontraba en una selva oscura...Dante Alighieri








No conocemos todas las razones que nos llevan a un viaje espiritual pero, de alguna manera, nuestra vida nos obliga a ir. Algo en nosotros sabe que no estamos aquí sólo para trabajar. Hay un misterioso impulso por recordar.Lo que nos saca de nuestro hogar y nos introduce en la oscuridad del bosque... puede ser una combinación de hechos. Puede ser un anhelo desde la niñez o un encuentro "accidental" con un libro o una imagen espiritual.A veces algo despierta en nosotros, cuando viajamos a una cultura desconocida y al mundo exótico de ritmos nuevos, aromas fragantes, colores y la actividad nos catapulta fuera de nuestro usual sentido de la realidad.A veces es algo tan sencillo como caminar por las azuladas montañas o escuchar una música coral tan hermosa que parece inspirada por los dioses. A veces es esa misteriosa transformación de cuando velamos junto al lecho de un moribundo y una "persona" desaparece de la existencia, dejando sólo un saco de carne sin vida que espera ser enterrado.Mil puertas se abren al espíritu. Ya sea en el brillo de la belleza o en los oscuros bosques de la confusión y el dolor, una fuerza tan fuerte como la gravedad nos devuelve a nuestro corazón. A todos nos sucede.* Del libro "Entre el éxtasis y la vida cotidiana", Emecé Editores

12 de noviembre de 2009

el rey



Para quien merece mi amor



Cuentan que había una vez un rey muy apuesto que estaba buscando esposa. Por su palacio pasaron todas las mujeres más hermosas del reino y de otros más lejanos; muchas le ofrecían además de su belleza y encantos muchas riquezas, pero ninguna lo satisfacía tanto como para convertirse en su reina. Cierto día llegó una mendiga al palacio de este rey y con mucha lucha consiguió una audiencia. “No tengo nada material que ofrecerte; solo puedo darte el gran amor que siento por ti” le dijo al rey: “Si me permites puedo hacer algo para demostrarte ese amor”. Esto despertó la curiosidad del rey, quien le pidió que dijera que sería eso que podía hacer. “Pasaré 100 días en tu balcón, sin comer ni beber nada, expuesta a la lluvia, al sereno, al sol y al frío de la noche. Si puedo soportar estos 100 días, entonces me convertirás en tu esposa”. El rey, sorprendido más que conmovido, aceptó el reto. Le dijo: “Acepto. Si una mujer puede hacer todo esto por mí, es digna de ser mi esposa. Dicho esto la mujer empezó su sacrificio. Empezaron a pasar los días y la mujer valientemente soportaba las peores tempestades. Muchas veces sentía que desfallecía del hambre y el frío, pero la alentaba imaginarse finalmente al lado de su gran amor. De vez en cuando el rey asomaba la cara desde la comodidad de su habitación para verla y le hacía señas de aliento con el pulgar. Así fue pasando el tiempo... 20 días... 50 días... la gente del reino estaba feliz, pues pensaban “¡por fin tendremos reina!" 90 días habían pasado y el rey continuaba asomando su cabeza de vez en cuando para ver los progresos de la mujer. “Esta mujer es increíble” pensaba para sí mismo y volvía a darle alientos con señas.
Al fin llegó el día 99 y todo el pueblo empezó a reunirse en las afueras del palacio para ver el momento en que aquella mendiga se convertiría en esposa del rey. Fueron contando las horas... a las 12 de la noche de ese día tendrían reina! La pobre mujer estaba muy desmejorada; había enflaquecido mucho y contraído enfermedades. Entonces sucedió. A las 11: 00 del día 100, la valiente mujer se rindió... Y decidió retirarse de aquel palacio. Dio una triste mirada al sorprendido rey y sin decir ni media palabra se marchó. La gente estaba conmocionada. Nadie podía entender por qué aquella valiente mujer se había rendido faltando tan solo 1 hora para ver sus sueños convertirse en realidad! ¡Había soportado tanto! Al llegar a su casa, su padre se había enterado ya de lo sucedido y le preguntó: “¿Por qué te rendiste a tan solo instantes de ser la reina?"Y ante su asombro ella respondió:
“Estuve 99 días y 23 horas en su balcón, soportando todo tipo de calamidades y no fue capaz de liberarme de ese sacrificio. Me veía padecer y solo me alentaba a continuar, sin mostrar siquiera un poco de piedad ante mi sufrimiento. Esperé todo este tiempo un atisbo de bondad y consideración que nunca llegaron. Entonces entendí: una persona tan egoísta, desconsiderada y ciega, que solo piensa en sí misma, no merece mi amor"
MORALEJA: Cuando ames a alguien y sientas que para mantener a esa persona a tu lado tienes que sufrir, sacrificar tu esencia y hasta rogar... aunque te duela retírate. Y no tanto porque las cosas se tornen difíciles, sino porque quien no te haga sentir valorado, quien no sea capaz de dar lo mismo que tú, quien no pueda establecer el mismo compromiso, la misma entrega... Simplemente... no te merece. Autor desconocido

24 de octubre de 2009

"Sabanas"


Sábanas
Una pareja de recién casados, se mudó para un barrio muy tranquilo. En la primera mañana en la casa, mientras tomaba café, la mujer reparó a través de la ventana que una vecina colgaba sábanas en el tendedero...




-Qué sábanas sucias está colgando en el tendedero! Está precisando de un jabón nuevo...¡si yo tuviese intimidad le preguntaría si ella quiere que yo le enseñe a lavar la ropa!

El marido miró y se quedó callado.

Algunos días después, nuevamente , durante el desayuno, la vecina colgaba sábanas en el tendedero y la mujer comentó con el marido:

-¡Nuestra vecina continúa colgando las sábanas sucias! ¡Si yo tuviese intimidad le preguntaría si ella quiere que yo le enseñe a lavar la ropa!

Y así, cada dos o tres días, la mujer repetía su discurso, mientras la vecina colgaba su ropa en el tendedero.

Había pasado un mes, la mujer se sorprendió al ver las sábanas siendo tendidas, y entusiasmada fue a decir al marido:

-¡Mira, ella aprendió a lavar la ropa¡ ¿Será que la otra vecina le enseñó? Porque yo no hice nada.

El marido calmosamente respondió:

-No, hoy yo me levanté más temprano y lavé los vidrios de nuestra ventana.

Y así es. Todo depende de la ventana, a través de la cual observamos los hechos.

Antes de criticar, verifique si usted hizo alguna cosa para contribuir.

Verifique sus propios defectos y limitaciones.

Debemos mirar, antes de todo, para nuestra propia casa, para adentro de nosotros mismos.